En una abandonada catedral, oculto entre las sombras de la cúpula, ahí es donde mi vuelo ha de terminar Me arranco las alas que se han teñido de negro, la luna me embriaga con su única luz. Pero sigo apagado Desgarro con rabia mi piel en la desesperación. Una vez que me haya convertido ya no habrá vuelta atrás

Me acerco a la orilla, caigo de la viga en la que reposaba; rotos mis huesos, de levantarme soy incapaz Entre sangre y lágrimas me arrastro, mas el cielo ha negado la entrada a mi alma corrupta. Estoy vetado El infierno está decidido a impedir la entrada de un ser que le reste peso; nadie ahí me quiere aceptar

Pálido arcángel que miras sin decir nada, muestra un poco de compasión y permíteme descansar en tus brazos No tengo a donde ir porque no hay un lugar al que haya pertenecido; un condenado cuya vida es su maldición Un renegado que no verá un arco de redención, no grita, tiene extirpadas las cuerdas vocales. Solo suspira

En la decadencia no hay expectativas por cumplir, quizás tenga pulmones perforados, porque tampoco respira La noche tiene la iluminación que él necesita; tiene un cuerpo maltratado, mutilado, nunca fue su decisión Un enorme cuervo lo acompaña, es el mismo que desprendió sus ojos. Le bastaron solo unos cuantos picotazos

Tan distorsionada es mi visión que tomé veneno creyendo que era vino. Quizá me engaño, no fue un accidente Recorre mis intestinos, que al estar perforados, resulta incluso cómico ese intento fallido. Inmortalizado No es así como esperé vivir por siempre. Tú que yaces en esa cruz, ayúdame a calmar este dolor exponencial

Arrástrame a la tumba, deja que mi lápida sea al fin una realidad. Estar en el plano es agonía existencial Hace ya un siglo que ruego por piedad, no pedí revivir el drama de Lucifer. A la vagancia estoy enjuiciado Si mi destino era volar en libertad, eso te convierte en un sádico masoquista. Ese castigo seguirá vigente.