Empecé cuando tenía veinte, primero fue el atentado en el subterráneo. Lancé un par de granadas en la estación Esperé pacientemente a que se acumulara una cantidad generosa de idiotas. Me aseguré de dejar una sola salida Les quité el seguro y desde el piso de arriba las mandé directo a la multitud. Me relajó en verdad su reacción Más de quince muertos, al menos treinta heridos. El pánico y la desesperación se volvieron entonces mi comida

Después fue el incendio a la manifestación. Prendí con mi encendedor un avión de papel, lo solté desde la terraza Había un grupo de imbéciles acampando fuera de mi trabajo, un grupo de parásitos obstruyendo el paso y estorbando Estoy contento de ayudarlos a que los voltearan a ver; corrían en llamas, ardían con dolor. El humo llegó hasta la plaza Sus gritos quedaron en mi memoria como una dulce canción que reproduzco para pensar cuando en el espejo me estoy mirando

Dejé de hacerlo por un rato, descansé y volví con más ideas. Como el accidente en la avenida; bastó con usar un perro El pobre animal no era un objetivo, solo el detonante. Es interesante la urgencia del hombre por frenar ante un animal Un auto tras otro colapsando, peatones embarrados, un niño desecho. Hay que tener cuidado al impactar contra el hierro Me tocó primera fila desde el puente peatonal. Habría sentido algo de compasión, pero hace tiempo se difuminó mi moral

¿Por qué? Es sencillo, odio a las jodidas personas. Ya son demasiadas en el globo, alguien necesita actuar de inmediato Todo el mundo parece haberse violento en estos días. Si no saben convivir en el planeta, no tienen que aprender a hacerlo Ver el producto en las noticias me enaltece. El “accidente” en el bar fue, hasta ahora, mi proyecto más sencillo y barato Bebidas envenenadas, un grupo de estultos ebrios, la mayoría ni siquiera notó la diferencia. Hasta me pagaron por beberlo

No sé cuál sea mi cifra total, si tomamos en cuenta la piscina electrificada, la bodega sin aire acondicionado y otros más Cada vez es más fácil, busco superar un récord de ascendidos con cada acto. El rojo se volvió mi color favorito, he mejorado En masa es divertido porque la paranoia es contagiosa. La histeria colectiva pasó a ser un estado, no solo una emoción fugaz Siempre busco un impacto más grande, sigo viendo demasiados estúpidos en las calles. Pero otro regalo ya les tengo preparado.