El doctor dijo que debía dejar las pastillas, que si ya no las necesito, podría tratarse de una adicción. No comprende mi manera Entraré de nuevo en mi dimensión perfecta donde todo funciona. Por solo un instante las voces no existen, ya no más preocupaciones Callo el ruido, la angustia, el dolor. Viajo a un campo verde y no minado, tengo el tiempo secuestrado. Me provoco cierta ceguera Nadie más puede lastimarme, ninguno puede juzgarme. Sé que mis familiares se decepcionarían si conocieran mis actuales condiciones
Ingiero una dosis más grande, habrá terminado el día para cuando regrese. Sus asquerosas manos sobre mí dejaré por fin de sentirlas Mis impulsos de irme se borrarán cuando vacíe el frasco, los golpes que recibí dejarán de verse. Podría convertirme en un boxeador Las pérdidas no me importarán, tampoco la realidad como la conozco. Las pesadillas que me arrebatan el sueño no necesito revivirlas Todo el mundo cree que me convertí en esclavo de la química. Me señalan por ser desertor, aquel que huye y no un valiente peleador
Cuando estoy consciente, pareciera que me siguen, que me acusan. No encuentro una manera para sobrellevar la neblina en mi interior Por eso prefiero seguir dormido. Es un mundo que, si bien es ajeno, al menos yo controlo. Quizá podría volar en un avión color celeste Me volveré rey de algún lugar, seré amado y cuidado. Las posibilidades son limitadas tan solo por el efecto del medicamento posterior Al llorar, las criaturas aquí no habrán de burlarse, por el contrario, cuestionarán mi bienestar. Llegaré allí cueste lo que cueste
Si la realidad está pintada en tonos grises, ¿por qué habría de condenarse al pintor que se encargó de enriquecer el cuadro con color? La línea que separa al día traumático cotidiano de uno excepcional y radiante es más confusa para mí. Por eso decidí derribar el muro Se mezclan mis realidades como acuarelas sobre el óleo y es hermoso. No hay espacio para el sufrimiento, lo he rellenado con una flor Mañana volveré a la esclavitud que la sociedad llama normalidad. Pero hoy quisiera decir que el malestar apenas se trata de un murmuro.